martes, 15 de abril de 2008

Consumo (de) diseño



El diseño, como acicate del consumo, tuvo su época de máximo esplendor en la posguerra de la II Guerra Mundial. Tras la explosión de una disciplina nueva, surgida en los entornos del Movimiento Moderno alemán, los depauperados gobiernos implicados en el conflicto se dieron cuenta de que el diseño era una herramienta perfecta para impulsar el consumo y, de esta manera, recuperar una economía en vacas flacas.
Al mismo tiempo, la gran mayoría de los profesores de las sucesivas Bauhaus se vieron en la obligación de emigrar de manera forzosa ante un gobierno nacional-socialista que, a pesar de haber salido elegido «democráticamente» por el pueblo alemán, no era principalmente un dechado de tolerancia y modernidad. Aquellos profesores-artistas-diseñadores recalaron, principalmente, en un par de escuelas estadounidenses: el Black Mountain College y la New Bauhaus de Chicago. Este éxodo supuso el punto de inflexión necesario para que las enseñanzas bauhausianas, que en Alemania eran vistas en su momento como marginales y excesivamente ligadas al arte vanguardista, se internacionalizasen.
El mundo necesitaba olvidarse de los desastres de la guerra más terrible de la historia, necesitaban ocio y novedad. Y la economía estadounidense se percató enseguida de ello, apropiándose de las bases del Diseño Moderno, pero deshaciéndose de las funciones morales que se encuentran en el germen del Movimiento Moderno, por sus «peligrosas implicaciones marxistas». Interesaba que la gente consumiera, no que pensase.
Este cóctel parió un nuevo objeto de consumo, perfecto para una época como aquella: el objeto de diseño. Y todo viene de allá: desde las repercusiones Pop, al International Style, la Posmodernidad ochentera o el diseño universal del siglo XXI. Desde entonces no nos deshacemos de esa coletilla: de diseño. Pero lo que nos gusta…


Todo ésto porque yo también soy un consumidor de diseño. Lo confieso: me pierden esos objetos clásicos de culto (como el sillón de Charles Eames de la imagen de la cabecera), tanto como los nuevos productos que idean pirados maravillosos como los que desarrollan, producen y comercializan Suck UK (el felpudo con el ambigrama lo venden ellos), las herramientas universales Good Grips de OXO International, las genialidades del colectivo Droog Design (la lámpara de las 85 bombillas de abajo es Rody Graumans para Droog) o las locuras maravillosas de atelier v., por citar sólo unos cuantos.



Tengo una larguísima lista de objetos de diseño (v. de deseo) que se pueden encontrar incluso en tiendas como Vinçon o Habitat, sin ir más lejos. Lo digo por si alguien quiere hacerme un regalito… ;-P
Pero que nadie se asuste, el sillón Eames me lo compraré yo; eso sí, cuando encuentre un trabajo que me proporcione el dinero suficiente para sufragármelo así como una vivienda donde quepa y luzca adecuadamente. Para cuando sea mayor, vamos. Más.